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12 de diciembre de 2013

Basta de la Prensa servil con el actuar de las Farc

Me refiero, por supuesto, a los jefes máximos de las Farc; el Secretariado que gobierna desde La Habana

Medios | Copolitica
Por Carolina Arteaga

Durante algunos meses, me había alejado de este espacio que me brinda la oportunidad de que otros lean lo que quiero expresar. Sin embargo, y debido a tantas actuaciones infames, por decir lo menos, de los grandes medios de comunicación del país, como profesional de la Comunicación, me siento obligada a lanzar una voz de protesta ante la manera tan servil de estos gigantes de la ‘información’ en que abren espacios y micrófonos a diario a los más grandes capos del narcotráfico, y al mismo tiempo, los más sangrientos asesinos que ha parido esta nación.

Me refiero, por supuesto, a los jefes máximos de las Farc; el Secretariado que gobierna desde La Habana, quienes, con la complicidad de los medios, gozan cada vez más de publicidad y dominio sobre las masas, siendo ahora consultados sobre la Agenda del país. Todos los temas pasan por la mesa de negociaciones. Todos los días vemos en radio, tv y prensa a cualquiera de estos criminales dando declaraciones, haciendo toda clase de exigencias, y opinando sobre lo que debe y no debe hacer el Estado.

Yo me pregunto: si el deber constitucional de los medios es servir de interlocutores entre los temas del Gobierno y la sociedad; de ser veedores de las acciones de nuestros gobernantes, de ser la voz de la comunidad ante las autoridades, y de denunciar todo aquello que no es transparente, ¿por qué, entonces, el periodismo colombiano está haciendo el papel de interlocutor de una organización terrorista, y lo que es peor, de legitimar cada una de sus acciones criminales contra la sociedad y las instituciones?

Hasta donde todos sabemos, la organización criminal de las Farc es considerada terrorista en más de 30 países; y según los organismos de seguridad de esos gobiernos, también son considerados el Cartel de drogas más poderoso; más que los cárteles mexicanos. Entonces, si eso no ha cambiado, ¿por qué la prensa colombiana lo olvidó? Ahora ya no los llaman terroristas; los convirtieron en insurgentes. Ya no se habla de secuestro, sino de retención. Ya no se cometen atentados terroristas, sino acciones armadas que hacen parte del conflicto. Y todo esto, para lo único que ha servido, es para fortalecer a las Farc y legitimar sus acciones. Con tantas opiniones de periodistas y pseudo- periodistas a favor de las actuales negociaciones de paz, ya hasta parece que los enemigos somos los colombianos de bien, que jamás hemos empuñado un arma, ni hemos planeado secuestros o atentados. ¿Por qué ese lenguaje que hace ver a una organización criminal como política? ¿Por qué tanta compinchería con quienes desangran el país? ¿Por qué nos atacan a quienes anhelamos vivir en un país sin narcotráfico ni terrorismo? ¿Por qué la guerra contra quienes vemos cada día el cinismo de unos asesinos que nos están matando, y al mismo tiempo exigen toda clase de prebendas?

¡Más respeto, por favor! Somos los colombianos que sufrimos cada día quienes tenemos todo el derecho de reclamar justicia, reparación, y exigir el desarme y el desmonte del negocio del narcotráfico. Tenemos derecho a exigir que las Farc devuelvan todas las tierras que han robado por años, tenemos derecho a exigir que ellos sean privados de sus derechos, porque en ningún país respetable se le otorgan derechos al terrorista; mucho menos se les da voz. Esta situación ha cruzado ya el límite de la razón. Es inaceptable que los medios de comunicación se presten para destruir aún más el país. Si les gustan tanto las Farc, váyanse a vivir a Cuba o a Venezuela, a ver si allá van a gozar de la misma libertad con que aquí viven. Quisiera verlos trabajando en un país diezmado por el comunismo y la dictadura fascista que quieren imponer las Farc y sus amigos políticos de la izquierda. Quisiera ver si actuarían con la misma irresponsabilidad con la que actúan ahora. Y quisiera ver si hablarían tan bien de unas negociaciones manchadas de sangre y llenas de engaños.

Centro de Pensamiento Primero Colombia, 11/12/2013

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