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26 de noviembre de 2013

Verdaderos amigos de la guerra

En 1958, los dirigentes liberales y conservadores decidieron dejar de luchar por las mieles de la burocracia

DIH | Copolitica
Por Francisco Javier Saldarriaga Á.

En 1958, los dirigentes liberales y conservadores decidieron dejar de luchar por las mieles de la burocracia; no hubo nada diferente a la repartición burocrática y cincuenta y tantos años después, estamos sentados en una nación enemiga de nuestro sistema democrático, conversando con los herederos de esas víctimas invisibles que se despreciaron. Ha pasado más de medio siglo y no aprendimos, ahora estamos ad portas de reiterar las equivocaciones de ese año.

La pelea era por los puestos y poder en la burocracia estatal, se habló de proporcionalidad de puestos según el número de votos de cada fracción, (liberales y conservadores), el presidente Valencia trabajó con la milimetría; en 16 años dejamos de matarnos por las banderas pero a su vez, acabamos con las ideas y los principios partidistas. Desapareció la oposición, nos acomodamos a esas repartijas y se entronizó la corrupción.

Ahora estamos en diversas posiciones mas no orillas opuestas; eso quisiéramos creer quienes no compartimos la forma en que se está negociando con quienes dicen ser guerrilleros, pero que por sus acciones no se pueden catalogar como tales, pues estas los identifican como terroristas, pederastas, narcotraficantes, extorsionistas, secuestradores y, lo peor, criminales de lesa humanidad, con todo lo que significa esa oración.

¿Quién no quiere la paz? No somos los que creemos en una paz real con reconocimiento de víctimas, reparación y verdad y con sanciones reales a los victimarios sean de donde sean y representen a quienes representen. No podemos permitir que salvajadas se queden sin castigo, quien actúa por fuera de la ley debe ser enjuiciado y sometido a las penas que, para esas acciones, tenga definidas la sociedad. Para eso se requiere una justicia objetiva y sin politizaciones enfermizas y sesgadas, ¿La tenemos en Colombia?

Ahora bien, en ocasiones, en búsqueda de un bien mayor, se rebajan las condenas, pero nunca podremos permitir la impunidad, en especial para esos delitos atroces. Si tuviésemos todas las certezas de que esa impunidad no es parte de los acuerdos, de que esos victimarios nunca llegarán al Congreso ni ocuparán cargos públicos, ni disfrutarán libremente de esas fortunas incalculables, obtenidas todas con los delitos que se les conocen, hasta apoyaríamos esas tertulias, pero esas certezas no las tenemos y, por el contrario, las noticias que nos llegan son contradictorias, y parecen más bien globos que lanzan quienes están allí para tantear las reacciones de quienes hemos sufrido durante tantos años por los actos despiadados de esos facinerosos.

Solicitar que respetemos los acuerdos internacionales que libremente aceptamos o, que quienes son reos de delitos atroces cumplan con condenas reducidas sí, pero condenas ciertas y reales o, pedir que cumplamos con nuestra Constitución que impide que quienes hayan pagado penas de prisión puedan acceder a cargos públicos o de representación, no puede catalogarse como enemistad hacia la paz, por el contrario, negar esta noción de justicia es continuar con la guerra y quienes así proceden son los verdaderos amigos de esta.

El Colombiano, 26/11/2013



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