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25 de noviembre de 2013

Una nación cafetera

Reflexionemos; démosle todo el valor que tiene la frase “Colombia produce el café más suave del mundo”.

Cafe colombiano | Copolitica
Por Rodrigo Gallo

Reflexionemos; démosle todo el valor que tiene la frase “Colombia produce el café más suave del mundo”.

Gracias al vertiginoso avance de las nuevas tecnologías, y soportada en ellas, la inmediatez de la información, la humanidad está haciendo un tránsito irreversible desde la aldea, hacia el orbe. Ahora mismo, para conocer de primera mano lo que sucede en el antípoda, solo necesitamos un pequeño artilugio electrónico y una conexión a internet. Así de sencillo. Y aun cuando este tránsito, contribuye de manera significativa a nuestra evolución como especie, genera en el ser humano, una comprensible necesidad de identificarse ante sus congéneres, y creo yo, que la más arraigada de las identidades, sin duda alguna, es la nacionalidad. Pero así como los seres humanos, como individuos, nos identificamos ante el mundo desde nuestro concepto de nacionalidad, la sociedad conglomerada en una nación, busca identificarse también ante el orbe. Y ahí estamos los colombianos, reconocidos ante el mundo entero como “los cafeteros” 

Creo, a manera de ejemplo, que ninguno de los 22 integrantes de la selección colombiana de futbol, ha sembrado en su vida un cafeto, y sin embargo, escuchamos en los programas deportivos de las cadenas internacionales, que se refieren a la amarilla, como la selección cafetera. Lo anterior nos ilustra, que gracias al monumental y decidido esfuerzo de las 558.000 familias cafeteras y su ejemplar sistema de organización gremial, este hermoso país logró tan anhelada identidad. Y no estamos hablando de cualquier bagatela. Gracias a esos abnegados campesinos, yo, que soy un llanero que lo más cercano que conoce del café, es el par de cerreros que me tomo en la mañana, puedo decir cuando estoy en el extranjero, con el pecho henchido, que “nosotros” producimos el café más suave del mundo. Si, nosotros, yo me meto en esa colada, y usted también puede, porque gracias a esta noble bebida y a sus honorables cultivadores, tenemos esa identidad ante el mundo entero. De ese monumental tamaño es el logro.

Reflexionemos; démosle todo el valor que tiene la frase “Colombia produce el café más suave del mundo”. Creo, desde mi profunda ignorancia, que este reconocimiento, no solo se debe a las especiales prácticas culturales de sus productores, que le confieren fisiológicamente esta característica. En mi parecer, también es atribuible a la constante y denodada labor hecha desde una juiciosa organización gremial. Sin duda alguna, La Federación Nacional de Cafeteros es merecedora de sonoros aplausos.

Pero, lamentablemente, esta organización se ha ido pervirtiendo con el paso del tiempo; ha dado un misterioso giro, mutando en un parasito que vive de los cafeteros. Cultivadores humildes y minifundistas, como lo son en su mayoría, quienes deberían recibir todos los beneficios de un robusto gremio, resultaron manteniendo, a costa de su propio bienestar, a unos infames burócratas que se adueñan de los recursos, merced a inverosímiles salarios, y al disfrute de lujos y prebendas que ya quisieran gozar los ejecutivos de las más grandes multinacionales. Estos depredadores, tienen al sector cafetero, sumido en una profunda crisis. Hoy la Federación no tiene el musculo necesario para afrontarla, gracias a que estas amebas que se tomaron por asalto la entidad, la debilitaron de tal manera, que hoy día, peligra su supervivencia.

La comunidad cafetera está pidiendo a gritos su reestructuración, para retornarla a su lustroso pasado, de entidad al servicio del gremio. Y ahí es donde, coloquialmente, la marrana tuerce el rabo. Surgen en esta coyuntura, como en casi todos los recientes males de nuestra patria, las nefastas figuras de Juan Manuel Santos y su escudero Gabriel Silva Luján. A este par de señores – no sé si sean merecedores de tal termino -, se les atribuye el haber convertido la Federación, en un ineficiente fortín burocrático, al servicio de sus amigos de ocasión. Es tanta la podredumbre que los cafeteros vislumbran al interior de la misma, que difícilmente, estos dos nombres saldrían bien librados de una necesaria investigación, previa a un serio y juicioso proceso de depuración y reestructuración. 

Ha empezado a correr entre el gremio, el fuerte rumor, quizá no muy lejano de la verdad, que el Presidente Juan Manuel Santos, en una demagógica maniobra, va a hacer todo lo posible por acabar con la Federación de Cafeteros de Colombia, malversando el deseo de esas 558.000 familias y aprovechando para sí, la oportunidad de acabar de un tajo, con toda evidencia en su contra. Desde esta humilde trinchera, desde la voz de este colombiano de a pie, me permito emitir una alerta. Hay que estar con los ojos muy bien puestos en las acciones del truhan, y en ningún caso permitirle, si la información es fehaciente, que acabe con la institucionalidad cafetera. Todos los ciudadanos tenemos la obligación moral, con el gremio que nos ha dado identidad mundial, de manifestarnos en procura del cuidado de sus intereses. No se le ocurra señor Presidente, pretender acabar con nuestra caficultura, porque va a encontrar en su camino, a toda una nación cafetera dispuesta a impedirlo.

Ad: Me es difícil encontrar, cual fue el daño que esta patria le hizo a Juan Manuel Santos, y que produce en él, tanta vehemencia en sus intentos por defenestrarla.



Pero, lamentablemente, esta organización se ha ido pervirtiendo con el paso del tiempo; ha dado un misterioso giro, mutando en un parasito que vive de los cafeteros.

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