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25 de noviembre de 2013

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La entrevista a Francisco Santos

Ni Galán ni Uribe creyeron nunca en las convenciones, por una razón clarísima. Porque es un escenario no de política, con ‘P’ mayúscula, sino de política pequeña. Esa convención salió muy mal.

Francisco Santos | Copolitica
¿Qué pasó en la convención uribista?

Ni Galán ni Uribe creyeron nunca en las convenciones, por una razón clarísima. Porque es un escenario no de política, con ‘P’ mayúscula, sino de política pequeña. Esa convención salió muy mal.

¿Lo dice porque usted perdió?

En la política son importantes el fondo y la forma. Aquí la forma salió muy mal. Era imposible que una convención armada en dos semanas saliera bien. Se la tomó la política de Fabio Valencia y de Joselito Guerra, un sector muy enconchado en el uribismo, sin ser los uribistas ideológicos, y me derrotaron.

¿Y lo derrotaron con trampa o sin trampa?

Los medios dejaron muy en claro lo que pasó ahí. Eso ya venía muy amarrado desde antes. Esa convención que se hizo fue tipo Partido Liberal; o si vamos a Antioquia, las que hacía Guerra Serna y que al presidente Uribe jamás le gustaron. Pasaron unas cosas que no debieron pasar y ahí está el problema de la forma, que deja un sabor inmensamente amargo.

¿Qué cosas no debieron pasar?

Prefiero dejar esos detalles atrás. Para que no me pase lo mismo que a Sara, ese personaje bíblico que cuando miró para atrás, hacia Sodoma, se convirtió en una estatua de sal. Desde ahora yo solo miro para adelante. Lo último que le voy a decir es que el uribismo no dio la gran señal democrática que ha debido dar.

¿Está hablando del uribismo, o del presidente Uribe?

Del uribismo. Al presidente Uribe, que es un gigante, lo rodean unas personas muy pequeñas que piensan en la política de otra manera. No comparto ese tipo de política. Yo estoy pensando en la ideológica, que fue lo que hicimos durante ocho años en gobierno.

Dos días antes de la convención usted me dijo que iba a ganar y que esperaba que el Presidente no rompiera su neutralidad en la convención. ¿La rompió?

Creo que fue neutral, pero todo ese entronque que lo rodea montó una cosa que acabó saliendo como salió. El Presidente se equivocó al escuchar ese clamor de unos pocos y no dejar que avanzara lo que habíamos acordado una semana antes, que era una consulta. Que seguramente habría ganado, porque yo estaba adelante. La última encuesta ya me mostraba por encima del presidente Juan Manuel Santos, y le aseguro que si yo hubiera sido el candidato, el Presidente no se habría lanzado a su reelección.

¿Por qué cree que no se habría lanzado?

Porque le tiene pánico a perder, y más frente a su primo hermano, y conmigo hubiera perdido. Yo lo habría derrotado.

¿Qué lógica tiene que el uribismo hubiera escogido un sistema como la convención para derrotar a quien iba por delante en las encuestas?

Precisamente, las convenciones se hacen para que no necesariamente el que tenga la mayor vocación de ganar, gane. Pertenezco al uribismo doctrinario, de ideas, de llegada al pueblo; y no al de la maquinaria política, que resultó victorioso en la convención.

¿Entonces, por qué se prestó a eso, si usted sabía lo que iba a pasar?

Por física disciplina. Pero sí tenía absolutamente claro que eso era lo que iba a pasar. Hice mi mejor esfuerzo, pero eso estaba muy amarrado y ganó la politiquería.

¿El presidente Uribe le falló a usted?

Me niego a aceptar la frase de un coterráneo de Gilberto Alzate Avendaño, coterráneo de Óscar Iván, que decía que “la política es el arte de defenderse de los amigos”. Tengo una lealtad absoluta con el presidente Uribe, transformamos el país durante esos ocho años, pero el presidente Uribe prefirió escuchar a ese grupito de personas que durante mucho tiempo le estuvieron lavando el cerebro: hay que elegir ya, hay que elegir ya... Lo único que espero es que el resultado electoral en marzo y en mayo no vaya a ser un desastre para el uribismo. Viendo los riesgos que tenemos en Colombia en el corto y en el mediano plazo, la única forma de frenar eso es que el uribismo se consolide como una gran fuerza política.

Era vox pópuli que el favorito de Uribe era Óscar Iván. ¿De pronto a usted lo sentían independiente y temieron que se les saliera del libreto?

Hablé con el Presidente el día que tomó la decisión de cambiar el mecanismo de selección. Se lo pregunté, me contestó que no tenía favoritismo por Óscar Iván. Yo tengo que creerle.

¿Qué hubiera podido hacer usted como candidato que no pueda hacer Óscar Iván?

Soy una persona de inmenso carisma. Le llego a la gente. Durante la campaña entraba a los foros y se sentía el fervor popular, esa capacidad de tocar la gente y de verla a los ojos no se improvisa.

¿Y cree que ese carisma no lo tiene Óscar Iván?

Es uno de los temas que tendrá que trabajar. No sé si sea fácil hacerlo, porque eso como que nace de la barriga. Es de la naturaleza humana.

Aquí han quedado maltrechos sus vínculos familiares. ¿Vale la pena por la política que las familias se dividan?

El tema no es perder la familia. Es perder el país. Colombia está andando otra vez hacia el abismo, a pesar de que la situación económica tiene un viento de cola muy importante. Pero me preocupa mucho el futuro, y eso fue lo que me llevó a meterme en la política.

¿Le va a ayudar en la campaña a Óscar Iván?

Yo seguiré siendo un soldado de la causa. Él ya tiene un gran equipo montado. Tiene un gran jefe de debate, el doctor Carlos Holmes; un gran jefe de firmas, el doctor Tobón; un gran coordinador de jefes de debate, el doctor Juan Carlos Vélez; y tiene operadores políticos de primera línea, como el doctor Fabio Valencia, María del Rosario y Joselito Guerra. Ahora tiene que luchar para que el país lo conozca.

¿Usted ya habló con el presidente Uribe de todo lo ocurrido?

No. No he hablado con él.

¿Él no lo ha llamado o usted no le ha pasado al teléfono?

Ni él me ha llamado, ni yo lo he llamado.

¿Será que el uribismo ya no lo quiere entre sus fuerzas?

Hay un grupo que no me quiere ahí. No creo que Uribe esté en ese sector.

Pero ese sector fue el que ganó, y Uribe, que es el jefe, no lo paró...

La política es de tiempos, y los tiempos van cambiando. Mire lo que hizo Galán. No se quiso someter a una convención, pero logró crear un movimiento y dejó una generación de jóvenes políticos de primera categoría. Eso es lo que hay que hacer. Ayudarle a esa corriente de políticos uribistas decentes, serios, buenos, que creen en una política distinta. Esa será alternativa de poder algún día. Por ahora no. Uno en política gana o pierde. Pero en la próxima elección eso puede devolverse. Es cuestión de paciencia, de seriedad y de lealtad. Mientras tanto, sigo siendo un soldado de la causa uribista.

¿A través de esta entrevista le está comunicando a Uribe que usted sigue ahí, que no se retira del uribismo a pesar de lo que le pasó?

Dudar de que yo siga ahí es no conocerme. Yo no hago política de vericuetos. Lo hago de corazón. Mi corazón está en el uribismo. Soy soldado de esa causa. Seguiré haciendo política al lado del presidente Uribe, con las ideas del uribismo.

Pero no va a negar que este episodio le dolió...

Mucho. Llevo un mes callado porque le aprendí a Uribe que uno no habla en caliente, sino que debe esperarse a que la espuma baje...

¿Usted dice que eso se lo aprendió a Uribe, o más bien hay que enseñarle eso a Uribe?

(Risas). Pues sí me dolió, tengo desilusión, tengo tristeza, me duele por el uribismo, por Colombia, por mucha gente en las regiones que está batallando contra una maquinaria política aterradora, contra unos recursos brutales que están llegando. En esta reelección, la inversión del Estado va a jugar un papel fundamental. No hay un gobernador o un alcalde que no tenga que pasar a través de los parlamentarios para recibir los cupos indicativos, que es la perversión mayor del uso de los recursos públicos. Me duele porque se perdió una gran oportunidad de retomar el rumbo.

Con esas ventajas, ¿el presidente Santos tiene ganada la reelección?

Va a ser muy difícil derrotarlo. A no ser que Germán Vargas Lleras se lance, esta es su gran oportunidad y no creo que la vaya a dejar pasar.

¿Usted no tiene pensado aspirar a algo concreto? ¿A la alcaldía de Bogotá, vicepresidente de Óscar Iván?

Solo ayudarle a esa corriente uribista doctrinaria, pura, que me considera su jefe, para que ojalá saque unas votaciones altas para el Congreso y no se marchite frente al otro uribismo, que ha caído ahí para reciclarse bajo la sombra del presidente Uribe y llegar a unas posiciones de poder en el Congreso. Hay una corriente muy importante ahí que representan Paola Holguín, Susana Correa, José Obdulio, Alfredo Rangel, Sonia Navia... y que ahora ha quedado muy huérfana. Tienen una sensación de soledad. Yo los voy a apoyar en lo que más pueda para la Cámara y el Senado. La única corriente capaz de frenar lo que se viene –Petro ha mostrado muy claramente lo que es la izquierda gobernando y lo que puede ser el autoritarismo, como imponer un POT a través de un decreto– es el uribismo. No quiero ver a Colombia como Venezuela. No puedo dejarles a mis hijos, ni a los de Juan Manuel, ni a los suyos, un país donde la oportunidad de opinar como lo estamos haciendo aquí se marchiten o se prohíban, así como las libertades de tener negocios y generar riqueza.

¿Entonces, cómo cree que le va a ir al uribismo en el Congreso?

En el Senado, muy bien; en la Cámara, no tanto, por unos errores que se han cometido. Uribe va a arrastrar un montón de votos, pero hay que hacer una campaña muy inteligente para ver cómo se recoge eso para el Senado, porque mucha gente lo que piensa es que él va de candidato a la Presidencia. El piso de Uribe son 15 senadores. El techo, no lo sé, porque el Partido Liberal y los conservadores están haciendo una campaña de cuadrícula, barrio por barrio, mientras el presidente Uribe está haciendo una de opinión, que no sé cuánto vaya a impactar una campaña para Congreso. En las cámaras tienen un lío muy grande, porque los que piensan que el Senado de Uribe arrastra las Cámaras están equivocados. Si las cámaras no empiezan a hacer su trabajo propio, con líderes, no van a lograr salir.

¿Qué es lo que más teme del proceso de paz?

Que le dieron un portaaviones de aterrizaje a la política de las Farc, que es la política de Chávez, de Cuba, en la que se marchita la democracia y que aparecerá con todo su vigor en el 2018, para que caigamos en manos de esa izquierda semidemocrática que acaba con las libertades.

El Presidente alertó que se preparaba un grave atentado contra el expresidente Uribe, el fiscal Montealegre, e incluso contra usted, pero luego salió a decir que todo eso era viejo. ¿Qué cree?

Eso lo hizo porque vio que les hacía daño a él y al proceso de paz. Me parece mezquino. El riesgo es real, existe, porque estamos negociando con la mafia. Las Farc están integradas en todas sus jerarquías al narcotráfico. Esa cultura mafiosa responde de esa manera. Cuando el presidente Santos estuvo en Larandia y dijo que iba tras el ‘Paisa’ y ‘Joaquín’, y el Bloque Sur, ellos respondieron como lo hace la mafia: ‘si ustedes vienen por nosotros, nosotros vamos por ustedes’. El riesgo es altísimo y el más desprotegido soy yo, porque el Presidente me ha quitado la mitad de mi seguridad. Espero que no sea mezquino con mi seguridad y con la de mi familia. La amenaza es muy, muy grande, muy cierta, y no se puede minimizar.

El mismo ‘Márquez’ dijo que nos escandalizábamos por un atentado contra Uribe y en cambio no con el anuncio de que el Estado va tras ‘Timochenko’...

Exactamente. Hay sectores de las Farc que no quieren que el negocio se marchite, y ese es todo el Bloque Sur, que no va a entrar en la negociación. El Presidente está jugando con candela.

¿O sea que a usted le parece que, aunque se firme lo que llamamos el papel de la paz, aquí no va a haber paz?

No. El Bloque Sur seguirá vivo, con todos sus recursos, y va a tener la posibilidad de reciclar en varios lugares de Colombia organizaciones criminales a las que les va a dar el tinte político, y en cinco o diez años estaremos otra vez combatiendo a las Farc o negociando con ellas. Los mensajes que el Presidente manda en el sentido de casi desalentar a la Fuerza Pública son un error brutal. La Fuerza Púbica está paralizada y la gente en las carreteras otra vez tiene miedo de viajar de noche. Estamos desandando lo andado, regresando a como estábamos en el 2002.

¿Cree en las posibilidades de que la izquierda colombiana se una?

Pueden perfectamente convertirse en una alternativa de poder, pero no en el 2014, porque el Gobierno le va a meter billones de pesos a esta reelección. La reelección no es buena para la democracia.

¡Pero si se la inventó su jefe!

Sí, es cierto. Pero frente a los errores, hay que buscar cómo corregirlos.

¿Y cómo le parece que hayan terminado en un mismo partido Peñalosa y Petro?

Los ‘verdes’ nos están dando una lección de democracia. Van a hacer encuesta, y los que estén encima del 10 por ciento van a la consulta. Un procedimiento mucho más ligado al querer popular que el que utilizó el uribismo. Eso podría producir tres candidatos. Navarro, Peñalosa e Íngrid. Peñalosa puede ganar ahí. Y como mucha gente lo ve como uribista, si hace una buena campaña –lo cual es muy difícil porque nadie se equivoca más en política que él–, pues Peñalosa puede ser un candidato que derrote a Juan Manuel Santos.

Pero atrás me dijo que el único que podía era Vargas Lleras...

Germán es un político que entiende los tiempos y que sabe que es la única oportunidad que tiene de ser presidente de la República. Pocas veces se alinean las estrellas tanto como hoy lo están para Germán. La última vez que se alinearon fue con Gaviria, que jamás habría sido presidente si no pasa lo que pasó. Germán tiene vocación de poder, sabe hacer campaña, la está haciendo. Si traiciona al presidente Santos, serían dos meses de controversia y luego él arranca y recoge una parte importante del uribismo, que siente que Germán Vargas Lleras representa esa línea dura en materia de seguridad que se está perdiendo y por lo cual, si se lanza, puede ser presidente.

Y si Vargas Lleras se lanza, ¿ve a Uribe apoyándolo?

Pues si Uribe se volvió amigo de Fabio Valencia, luego de que casi se van a los puños después de unas elecciones, no descarto ese escenario.

Pero habría otro plan B. Si Óscar Iván no despega y Peñalosa se gana la candidatura de los ‘verdes’, ¿Uribe también podría terminar apoyándolo?

Tampoco descarto esa posibilidad.

¿Y entonces qué perspectivas le quedan a Óscar Iván?

Tiene que ganarse el uribismo. Tiene que dar esa pelea. Encontrar esa identidad propia.

Sin su ayuda...

Como le dije antes, él tiene su equipo montado, que le ayudó a ganar la convención, pero le falta ganarse ese uribismo que hasta este momento no lo acompaña. Si él me pidiera un consejo, le diría: Óscar Iván tiene que asesorarse más de los que saben hacer política y menos de los que saben hacer convenciones.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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