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13 de octubre de 2013

Pensando en el país que queremos: @omantoni1

Quienes hacemos el ingreso en la vida política participativa, llegamos por lo menos en mi caso, con un inmenso deseo de no repetir lo que hasta entonces nos mantenía alejados.

Quienes hacemos el ingreso en la vida política participativa, llegamos por lo menos en mi caso, con un inmenso deseo de no repetir lo que hasta entonces nos mantenía alejados.


Fue La Doctrina Social De la Iglesia, quien ejerció una enorme presión para que diera el paso, cuestión que no me ha resultado nada fácil. Si la causa no fuera un profundo amor por la Patria y una inmensa responsabilidad por el tipo de país que queremos dejarle a nuestros hijos, seguiría mirando desde la cómoda palestra lo que acontece en lo que alguien llamó "el zoológico indomable de la política".

Cuántos intereses mezquinos, cuánta intolerancia en las diferencias; cuánta deslealtad entre copartidarios, cuánta intriga por el poder, cuánto desinterés por la sabiduría y la inteligencia; cuánta ingratitud por quienes lo han ofrecido todo, cuánto ciego fanatismo por ídolos personales y caudillismo atávico; muchos otros cuántos que usted, querido lector podría ayudarme a enumerar.

Desde mi primer blog hablé sobre la falta tan grande que le hace al país la formación en el liderazgo. Hoy cuando los partidos políticos aspiran, con sus mejores cartas, a ejercer la administración de la nación, me asusta, con el perdón de muchos y la venía de algunos, la enorme ausencia de líderes que cuenten con el aval, moral, administrativo y político del pueblo, para ejercer una posición tan linda, noble, delicada, digna y peligrosa cómo la administración pública.

El líder político no sólo debe ser amigo de quien le aplaude, Debe saber administrar con sana doctrina y humilde grandeza y saber que desde las gradas, muchas veces los aficionados, pueden ver mejor el partido y es bastante lo que se les debería escuchar. La soberbia, amiga íntima de la idiotez, ocupa, con el perdón de bellas y dignas representantes, el lugar de primeras damas en la cosa pública, introduciendo el cáncer de la confrontación, trayendo como consecuencia la irremediable muerte de la libertad, dando paso a las dictaduras expertas en resucitar la fenecida esclavitud aplanadora implacable y malvada de la dignidad humana.

El líder ideológico no tiene que ser político. Todo líder, para responder a los desafíos de hoy y de mañana, debe ser y actuar como servidor del pueblo.

Partidos políticos, candidatos, votantes e indiferentes, debemos tener claro cuál es el país que queremos, y con sinceridad responder si es el mismo que queremos para que en el vivan nuestros hijos. Somos el resultado de las decisiones que ayer responsable o irresponsablemente otros tomaron, pero el futuro dependerá de las decisiones que hoy ejerza nuestra débil o fortalecida libertad.

El Papa Francisco señaló que "los ciudadanos no deben desinteresarse de la política sino que es importante participar en el bien común" y es «una de las formas más altas de la caridad, porque es servir al bien común»

Ninguno de nosotros es más importante que el resto de nosotros. Si es que en realidad nos interesa el país, y nuestro discurso no es una estrategia sucia de campaña, busquemos entre todos la salida al grave deterioro en el que esta nuestra nación. Por que juntos somos uno, sumemos esfuerzos, multipliquemos resultados.¡Hagamos que las cosas sucedan! Si yo hago lo que usted no puede, y usted hace lo que yo no puedo, juntos podríamos hacer grandes cosas. Ganaría el país y podríamos morirnos con la tranquilidad que nuestros hijos estarán viviendo en la nación que siempre soñamos.

Pensando en el país que queremos, seguiremos en esta noble lucha, aún con la indiferente mirada de quienes deberían por un momento bajar su cabeza, para saber que -hay otros muy buenos y gracias a Dios, distintos- a los hijos y amigos de quienes han herido tan gravemente la historia, y que podrían contribuir como el ave fénix para que el país retome su vuelo y llegue al nivel de altura que se merece.

"La civilización del amor supone un protagonismo de los pueblos, lo cual lleva consigo una democratización real, socioeconómica-política y cultural, en base a los valores de la verdad, la justicia, la libertad, la solidaridad y la participación responsable".

Si embelleces tu mente y tu corazón, todo lo que toques y decidas quedara impregnado de esa belleza.

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