Top Ad 728x90

22 de agosto de 2013

El profe Santos por Rodrigo Gallo

Siendo la docencia uno de los más importantes y nobles oficios que el ser humano pueda desarrollar, quedé entre perplejo y estupefacto al leer tales declaraciones, dadas las condiciones morales del señor Juan Manuel Santos


En desarrollo de una tertulia del club del mutuo elogio entre Juan Manuel Santos y Sergio Fajardo, televisada por Teleantioquia, el Presidente de la República manifestó un, dijéramos, deseo que tiene para cuando ya no sea mandatario en ejercicio: “Yo por lo menos cuando termine esta responsabilidad me quiero dedicar a lo que usted (refiriéndose a Fajardo) se ha dedicado toda la vida, a ser profesor” Bonitas palabras sin duda alguna, inocentes en principio y cargadas de una aparente buena intención. Educar, transmitir conocimientos, contribuir a la formación del individuo. Loable.


Siendo la docencia uno de los más importantes y nobles oficios que el ser humano pueda desarrollar, quedé entre perplejo y estupefacto al leer tales declaraciones, dadas las condiciones morales del señor Juan Manuel Santos, y me di a la tarea de tratar de analizar los aportes que a esta sociedad, podría ofrecerle el señor Presidente desde una hipotética posición como maestro. De ninguna manera debo desconocer los conocimientos que un hombre de su nivel educativo puede tener, pero como la docencia no se circunscribe únicamente a la transmisión de los mismos, sí me parece pertinente ponderar tales aportes desde diversas aristas de tan honorable profesión.


Al “rompe” de lo que han sido sus actuaciones públicas, me preocupa sobremanera que el señor Santos no sea para sus educandos, precisamente un ejemplo de coherencia (tan necesaria en el desarrollo profesional) pues un hombre que hace promesas electorales usando la muy puntual metáfora de la firma en mármol y las termina incumpliendo sistemáticamente, con una, en mi parecer, perversa precisión, no debería ser digno depositario de la labor de formación de los profesionales de Colombia. Un hombre que toma sin reparos la responsabilidad de llevar sobre su aspiración, las esperanzas e ideales de nueve millones de colombianos y que una vez elegido, decide echar impúdicamente por la borda tamaño legado es, cuando menos, sospechoso de cultivar anti valores tan nocivos como la traición, la mentira consuetudinaria y la desfachatez. Peligroso docente en mi concepto.


De su ejercicio profesional como periodista, recuerdo con especial fijación una dura columna en la que hacia fundamentadas y sesudas críticas al régimen dictatorial del fallecido Hugo Chávez Frías, a quien culpaba de la mayoría de los males del pueblo venezolano y de paso, lo denunciaba como un felón colaborador y protector de los narcoterroristas (porque en ese momento los consideraba así) de las farc. A ese mismo periodista solo le basto la imposición de la banda presidencial para empezar a ver a Chávez como un demócrata y aliado dilecto para orquestar la entrega de este país al socialismo teniendo como punta de lanza una mesa de diálogos con las farc, ahora considerados fuerza beligerante e interlocutores válidos. ¿Que podrían recibir entonces unos eventuales alumnos, de un profesor que vende sus opiniones? Las vende, sí señor, aunque suene duro, porque, o vendió esa columna en su momento para poder posicionarse dentro del gobierno de Uribe, o vendió en este momento su opinión política para poder llevar a feliz término su demoníaco mamarracho socialista. O todas las anteriores, con él, todo es posible. Pavor me daría, que una hija mía recibiera clases de tal mercader persa.


La tolerancia y la ponderación en las reacciones ante la crítica que son parte esencial en el bagaje de todo profesional, tampoco son activos seguros del Profe Santos. Con justas razones, el uribismo le ha reclamado el abandono de las tesis que le fueron confiadas, lo que ha suscitado en él, un súbito florecimiento de epítetos para referirse a la colectividad que lo arropó. Rufianes de esquina, aves de mal agüero, tiburones, palos en la rueda, enemigos de la paz (imaginación si tiene) han sido algunos de los rótulos utilizados para defenderse de las críticas justas, duras también, pero al fin justas que le han hecho tanto su antecesor, como sus electores. Ha dispuesto cordones de seguridad con presencia del Esmad, más dignos de la Beirut de los años 80 que de la pujante y hermosa Medellín de 2013, destinados a amedrantar a una ciudadanía inconforme que solamente pretendía propinarle una silbatina. Sabedores de la inquietud e inconformismo de nuestra juventud ¿qué le puede esperar en un salón de clases al estudiante que no le trague entero, al estudiante que lo confronte y le desnude sus falencias y mentiras? Creo que por primera vez daríamos por cierta la famosa frase “Es que el profe me tiene entre ojos”.


Dios quiera que la manifestación de ese deseo sea otra de sus publicitarias mentiras, dichas para tratar de jalonar hacia arriba una imagen que ni la más deliciosa de las mermeladas ha podido mantener en un rango de digna aceptación. No señor, no creo que Juan Manuel Santos tenga la madera ni los valores necesarios para ser un buen profesor. Gran favor nos haría, si al terminar su desastroso mandato, se retira a una vida contemplativa y silenciosa que puede ser solventada con los jugosos dividendos económicos que le ha dejado su huracanado paso por la presidencia.


@AlegreBengali



Ad: Un profesor de gramática llega a su casa y sorprende a su esposa con otro hombre en la cama. La esposa, temblorosa, le dice “No sé qué decirte, estoy estupefacta” y el profe, sin perder la compostura le corrige “No, tu estas perpleja, el estupefacto soy yo”

Top Ad 728x90